Santos: antepasados de Nuestro Señor Jesucristo Santa
Irma o Irmina de Tréveris, abadesa. Beato Pedro "el Venerable", abad
Feria privilegiada (Morado)
UNA
FUERZA DE SALVACIÓN
2 Sm
7,1-5.8-12. 14.16; Lc 1,67-69
En la sociedad israelita tenía
relevancia especial el origen de una persona. La identidad de una figura
pública estaba determinada por sus antepasados. La proveniencia, la reputación
y las hazañas de un antepasado eran decisivas para quien pretendiera ejercer
alguna autoridad en Israel. No era lo mismo proceder de una familia betlemita
del linaje de David que ser un israelita mestizo, como era el caso de los
samaritanos. El texto de Samuel es la declaración más solemne que legitima a
David, como siervo de Dios y pionero de una dinastía Si Dios había manifestado
su favor al hijo de Jesé, continuaría auxiliando a sus descendientes. En el
cántico de Zacarías se celebra precisamente ese motivo, la predilección divina
por la casa de David. La fuerza salvadora de Dios volvería a emerger en alguno
de los descendientes del pastor convenido en rey, Los primeros cristianos
indagaron los orígenes de Jesús y preservaron las diferentes tradiciones que
afirmaban el vínculo estrecho entre la familia del Señor y la familia de David.
Algo valioso volvería. Dios a realizar con un israelita que gozaba de su favor.
Misa
matutina
ANTÍFONA
DE ENTRADA (Cfr. Ga 4, 4)
He aquí que llega ya la
plenitud de los tiempos, cuando Dios envió a su Hijo a la tierra.
ORACIÓN
COLECTA
Apresúrate, Señor Jesús, no
tardes ya, para que tu venida dé nuevas fuerzas y ánimo a quienes hemos puesto
nuestra confianza en tu misericordia. Tú que vives y reinas con el Padre en la
unidad del Espíritu Santo y eres Dios por los siglos de los siglos.
LITURGIA DE LA PALABRA
El reino de David
permanecerá para siempre en presencia del Señor.
Del
segundo libro de Samuel: 7, 1-5. 8-12. 14. 16
Tan pronto como el rey David se
instaló en su palacio y el Señor le concedió descansar de todos los enemigos
que lo rodeaban, el rey dijo al profeta Natán: "¿Te has dado cuenta de que
yo vivo en una mansión de cedro, mientras el arca de Dios sigue alojada en una
tienda de campaña?". Natán le respondió: "Anda y haz todo lo que te
dicte el corazón, porque el Señor está contigo".
Aquella misma noche habló el Señor a Natán y le dijo: "Ve y dile a mi
siervo David que el Señor le manda decir esto: ‘¿Piensas que vas a ser tú el
que me construya una casa, para que yo habite en ella? Yo te saqué de los
apriscos y de andar tras las ovejas, para que fueras el jefe de mi pueblo,
Israel. Yo estaré contigo en todo lo que emprendas, acabaré con tus enemigos y
te haré tan famoso como los hombres más famosos de la tierra.
Le asignaré un lugar a mi pueblo, Israel; lo plantare allí para que habite en
su propia tierra. Vivirá tranquilo y sus enemigos ya no lo oprimirán más, como
lo han venido haciendo desde los tiempos en que establecí jueces para gobernar
a mi pueblo, Israel. Y a ti, David, te haré descansar de todos tus enemigos.
Además, yo, el Señor, te hago saber que te daré una dinastía; y cuando tus días
se hayan cumplido y descanses para siempre con tus padres, engrandeceré a tu
hijo, sangre de tu sangre, y consolidaré su reino. Yo seré para él un padre y
él será para mí un hijo. Tu casa y tu reino permanecerán para siempre ante mí,
y tu trono será estable eternamente' ". Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.
Del
salmo 88 R/. Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor.
Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor y daré a conocer que su
fidelidad es eterna, pues el Señor ha dicho: "Mi amor es para siempre y mi
lealtad, más firme que los cielos. R/.
Un juramento hice a David, mi servidor, una alianza pacté con mi elegido:
'Consolidaré tu dinastía para siempre y afianzaré tu trono eternamente'. R/.
El me podrá decir: 'Tú eres mi padre, el Dios que me protege y que me salva'.
Yo jamás le retiraré mi amor, ni violaré el juramento que le hice". R/.
ACLAMACIÓN
R/. Aleluya, aleluya.
Sol refulgente de justicia y esplendor de la luz eterna, ven a iluminar a los
que yacen en las tinieblas y en las sombras de la muerte. R/.
Nos visitará el sol que
nace de lo alto.
Del santo
Evangelio según san Lucas: 1, 67-79
En aquel tiempo, Zacarías,
padre de Juan, lleno del Espíritu Santo, profetizó diciendo:
"Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su
pueblo, y ha hecho surgir en favor nuestro un poderoso salvador en la casa de
David, su siervo. Así lo había anunciado desde antiguo, por boca de sus santos
profetas: que nos salvaría de nuestros enemigos y de las manos de todos los que
nos aborrecen, para mostrar su misericordia a nuestros padres y acordarse de su
santa alianza.
El Señor juró a nuestro padre Abraham concedernos que, libres ya de nuestros
enemigos, lo sirvamos sin temor, en santidad y justicia delante de Él, todos
los días de nuestra vida.
Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a
preparar sus caminos y a anunciar a su pueblo la salvación, mediante el perdón
de los pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de
lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombras de muerte,
para guiar nuestros pasos por el camino de la paz".
Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
Comentario:
Se quiebra el silencio y renace la voz
Zacarías había quedado mudo. Le
había pedido certeza al arcángel Gabriel, un modo de asegurarse él, porque no
podía sentirse seguro con la sola palabra del mensajero. Ya que no le han
bastado las palabras, el ángel le da una dura señal de certeza: lo deja mudo.
Si la palabra del cielo no le convence, que se quede sin palabras en la tierra.
Mudo y todo, Zacarías hace finalmente caso, ahora que ya se siente seguro: se
une a su mujer y en el silencio engendra. De su silencio saldrá la Voz; en el
silencio fue concebido Juan, el Bautista.
El evangelio de hoy nos transporta
al momento bello y solemne en que ese silencio se quiebra. Todo hay que
notarlo: Zacarías es interrogado por el nombre de su hijo, su único, y él
renuncia a su propio nombre para dar a su hijo un nombre que expresa y canta la
misericordia: "misericordia o gracia de Dios" es el nombre de Juan,
según la etimología común. Sus primeras palabras, pues, son para alabar la
misericordia, después de haberse desprendido, en cierto modo, de su propio
derecho como padre.
Zacarías canta y alaba a Dios a
boca llena, no el día del nacimiento de Juan, sino el día de la circuncisión,
que es el día en que los niños judíos recibían su nombre, de acuerdo con lo que
sucedió el día en que Dios hizo pacto en la carne de Abraham y le dio este
nombre en lugar de Abram (cf. Gén 17). El día en que renace la voz es el día
del nombre, el día de darle nombre al niño. El día también en que ese niño
entra en la alianza, pues esa operación quirúrgica la que introducía en la
alianza (Gén 17,10). Con su hijo, que entra en el Pacto, Zacarías renueva su
propio Pacto.
De este modo se cumple, de modo
inesperado y profético, lo que el ángel le había dicho al mismo anciano:
"irá delante de El en el espíritu y poder de Elías para hacer volver los
corazones de los padres a los hijos, y a los desobedientes a la actitud de los
justos, a fin de preparar para el Señor un pueblo bien dispuesto" (Lc
1,17). Bien podemos decir que esto se cumple ya el día mismo en que Juan está
entrando en la alianza de Abraham: están volviendo "los corazones de los
padres a los hijos" y "los desobedientes a la actitud de los
justos", aunque ese padre sea el propio padre de Juan, y ese desobediente
se llame Zacarías.
Un Canto para el Precursor
Todo habría que comentarlo en el
cántico de Zacarías. Se le ha llamado resumen precioso de la esperanza del
Antiguo Testamento, y así lo es. Fijemos nuestra atención esta vez en lo que
atañe a Juan.
Juan es aquí el "profeta del
Altísimo", y también el que va "delante del Señor". Anuncia,
porque es profeta, y muestra, porque va delante. Su voz tiene el tono ardoroso
del que espera y el entusiasmo maravilloso del que ve llegar al esperado. En él
se abrazan la esperanza y la llegada. Su alma conoce los dolores de la ausencia
y el gozo de la presencia.
Ir "delante del Señor"
es mucho más que contar a los demás que el Señor está cerca. Los Evangelios nos
muestran el altísimo precio, precio de sangre, que implicó para Juan esto de
"ir delante". Ni más ni menos quiere decir que todo cuanto sucedió a
Cristo de algún modo sucedió primero a Juan. Y ya sabemos cuál vida fue la del
Señor Jesús, de donde entendemos que clase de misión es esta de preceder al
redentor del mundo.
Juan no es el único precursor. En
Lc 10,1 leemos: "el Señor designó a otros setenta, y los envió de dos en
dos delante de El, a toda ciudad y lugar adonde El había de ir". Estos
precursores reciben instrucciones explícitas sobre su dura misión: "os
envío como corderos en medio de lobos" (Lc 10,3). A menudo el apóstol de
Cristo tiene misión de precursor de Cristo, y entonces tendrá, como Juan y como
estos 70, que probar un bocado de la pasión de su Señor.
ORACIÓN
SOBRE LAS OFRENDAS
Acepta, Señor, con bondad estas
ofrendas, a fin de que se conviertan en el alimento que nos libre de nuestros
pecados y prepare nuestros corazones a la venida gloriosa de tu Hijo, que vive
y reina por los siglos de los siglos.
Prefacio
II/A o II/B de Adviento.
ANTÍFONA
DE LA COMUNIÓN (Lc 1, 68)
Bendito sea el Señor Dios de
Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo.
ORACIÓN
DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Tú que nos has renovado con
esta Eucaristía concédenos, Señor, que el nacimiento adorable de tu Hijo, que
hemos anticipado en la fe, nos llene de gozo y nos haga partícipes de los
bienes eternos. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Homilías de Fr. Nelson Medina, O.P.
