21 de diciembre de 2012

21 de Diciembre. Feria de Adviento Ciclo C


Santos: Pedro Canisio, Doctor de la Iglesia; Juan de Cronstadt, presbítero. Beato Pedro Friedhofen, fundador. Feria privilegiada (Morado)

DICHOSA TÚ QUE HAS CREÍDO
So 3, 14-18; Lc 1, 39-45
Muchas esperanzas se habían ido acumulando en la tradición profética de Israel. A los ojos de los pragmáticos y los desconfiados parecían declaraciones entusiastas, sin verificación alguna en la historia. Los profetas habían prometido de una y mil maneras la llegada de la justicia, la paz y la prosperidad para Israel y éstas no aparecían por ninguna parte. La destrucción de los opresores que anunciaba Sofonías no tenía verificación, al contrario, el poder romano parecía cada vez más implacable. El anuncio del nacimiento de Juan y Jesús podría resultar insignificante a los ojos de muchas personas suspicaces y descreídas. Para el corazón de María e Isabel aquel mensaje no era un falso consuelo. Ellas deletrearon la profunda esperanza que la vida de esos pequeños suscitaría en el corazón de Israel.

ANTÍFONA DE ENTRADA (Cfr. Is 7, 14; 8, 10)
Pronto llegará el Señor que domina los pueblos, y será llamado Emmanuel, es decir, Dios-con-nosotros.

ORACIÓN COLECTA
Escucha, Señor, las súplicas de tu pueblo, que se alegra por la venida de tu Hijo en nuestra carne mortal; y concédenos que, cuando vuelva Él revestido de gloria y majestad, nos llenemos también de alegría al recibir de sus manos la recompensa de la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo...

LITURGIA DE LA PALABRA
El Señor será el rey de Israel en medio de ti.


Del libro del profeta Sofonías: 3, 14-18
Canta, hija de Sión, da gritos de júbilo, Israel, gózate y regocíjate de todo corazón, Jerusalén.
El Señor ha levantado su sentencia contra ti, ha expulsado a todos tus enemigos. El Señor será el rey de Israel en medio de ti y ya no temerás ningún mal.
Aquel día dirán a Jerusalén: "No temas, Sión, que no desfallezcan tus manos. El Señor, tu Dios, tu poderoso salvador, está en medio de ti. Él se goza y se complace en ti; Él te ama y se llenará de júbilo por tu causa, como en los días de fiesta". 

Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.

Comentario:
La fe cristiana es ante todo una praxis encarnada en el tiempo y en la historia que nos toca vivir. Con Jesús llega el Reino de Dios a los hombres. El Reino es don de Dios, de su amor generoso; pero los hombres deben abrirse a él con una actitud especial llamada “conversión” que es lo mismo que cambio de vida, cambio de mente y de corazón. San Pablo emplea un término griego para definirla: “metanoia”. El profeta Ezequiel en el Antiguo Testamento lo define como “cambiar el corazón de piedra por un corazón de carne”. La predicación e implantación de esta  conversión  conforma  el meollo  de  la  actividad  y misión  de  Juan  el Bautista, el precursor de Jesús. 
P. Marcos A. Rodríguez


Del salmo 32 R/. Demos gracias a Dios, al son del arpa.
Demos gracias a Dios al son del arpa, que la lira acompañe nuestros cantos; cantemos en su honor nuevos cantares, al compás de instrumentos alabémoslo. R/.
Los proyectos de Dios duran por siempre; los planes de su amor, todos los siglos. Feliz la nación cuyo Dios es el Señor; dichoso el pueblo que escogió por suyo. R/. 
En el Señor está nuestra esperanza, pues Él es nuestra ayuda y nuestro amparo; en el Señor se alegra el corazón y en Él hemos confiado. R/.



ACLAMACIÓN R/. Aleluya, aleluya.
Emmanuel, rey y legislador nuestro, ven, Señor, a salvarnos. R/.


¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a verme?

Del santo Evangelio según san Lucas: 1, 39-45

En aquellos días, María se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de Judea, y entrando en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. En cuanto ésta oyó el saludo de María, la criatura saltó en su seno.
Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo, y levantando la voz, exclamó: "¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a verme? Apenas llegó tu saludo a mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor".

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

Comentario:

María se levantó y marcho deprisa

Como la Santísima Virgen María, tú tienes cosas que hacer, actos importantes que debes llevar a cabo cuanto antes, por eso, como María, levántate y marcha deprisa a visitar al necesitado. Estamos en tiempos de Navidad, muchos ya la están preparando en su corazón, con actos de amor. ¡Esta Navidad tiene que ser mejor!, porque tú eres mejor, porque tú te sabes amado por Dios, bendecido por Dios, ungido de Dios, por el Bautismo; entonces, ve, sal pronto en ayuda del que necesita ver tu fe, y que como santa Isabel, la prima de la Virgen María, te diga: “-Bendita tú… -Bendito tú…”
Cada vez que alguien bueno te bendice, se une a Dios, y unida esta persona con Dios, te ve con buenos ojos; y son tantos los que necesitan unirse a Dios. Y una manera de ayudar a las personas, es que por tus obras, por tus palabras, te bendigan; porque al bendecirte, se unen a Dios, y uniéndolas a Dios, Dios les llena de su Amor. El que bendice es bendecido.
El esposo bendiga a la esposa, por la bondad y caridad de sus obras. Y la esposa bendiga al esposo, por su integridad, honradez, por el pan de cada día, y los cuidados que le prodiga, como Cristo lo hace con la Iglesia Santa.
Los padres bendigan a sus hijos, que son su alegría. Y los hijos bendigan a los padres, por su sabiduría, por sus enseñanzas y correcciones. No digo por lo material que reciben de ellos, porque eso, el Estado, el Gobierno de un país, también lo hace a los huérfanos; la bendición es por el amor, por la caridad, por la fe y la esperanza en el Reino Celestial; lo demás, con un “gracias”, es suficiente; pero hay actos en que no basta un gracias, sino que es necesario una bendición de corazón.
Los hermanos se bendigan unos a otros, se pidan perdón y se demuestren su amor con la bendición.
Los amigos buenos, bendigan a los amigos que les hacen bien, y unos a otros acepten la bendición, porque quien acepta la bendición de otro, acepta su unión con Dios.
La bendición la dan los católicos, los buenos cristianos; las gracias las dan los mundanos; porque los creyentes todo lo hacen con Dios, por eso pueden bendecir los que dejan que Dios viva en ellos, con ellos.
Es bueno pedir y dar la bendición, porque en todo ello está Dios, que une e intercede y da su Gracia, por la fe, por la caridad de bendecir, de recibir la bendición.
Levántate y apresúrate a bendecir al que obra con la fe, vive la esperanza de esta misma fe, y la caridad de amar a Dios sobre todas las cosas y personas; porque cuando tú bendices, Dios está contigo y lo das al otro con tu bendición.
Bendecir es un intercambio de amor, lleno de fe, dando esperanza al que recibe tu bendición, que siempre la da Dios contigo, si tu vives en Gracia suya, en Gracia de Dios.
Hay quienes dicen: “Bendiciones…, Dios te bendiga…. te bendigo…”, pero si no vive la fe, si no vive en Gracia de Dios, esta bendición es como un “gracias”, sólo un gracias. Y, ¿a quién das tú las gracias?; ¿a quién bendices?... En tiempos antiguos, sólo se bendecía a quien se lo merecía, o a quien quería uno entregarle a Dios al otro. Por eso los hijos acudían al padre, a la madre, a pedir su bendición, pero a veces, éstos se negaban porque el hijo no era digno de ella, de recibir, digamos, el visto bueno de Dios y del padre o la madre, porque no hacía el bien, porque obraba mal; por eso, sólo se puede bendecir la bondad, al bueno, a los que obran bajo la Ley de Dios.
Bendecir a todo el mundo, no se puede; sí que se puede decir: “Dios te bendiga”, porque diciendo eso, dices: “pórtate bien, como Dios quiere”; pero no se puede decir a alguien que no actúa bien: “yo te bendigo”, porque es como darle “tu visto bueno” para que siga actuando mal. La bendición tuya, sólo la puedes dar a quien intenta ser bueno, hacer el bien; entonces es una ayuda, entonces, con tu bendición lo ayudas a ser mejor, porque es como si le dieras buenas referencias para presentarse ante Dios. Y esto es la Comunión de los Santos, ayudarse unos a otros a alcanzar de Dios la Bendición; que recibir la bendición de Dios, cambia tu vida, porque cuando Dios bendice, hay abundancia de bienes, de todas clases, dados por Dios, con Dios, para servir a Dios.
Esposos, bendecíos, si sois buenos uno con el otro, y con todos los demás.
Padres e hijos, bendecíos, y os uniréis mucho más, porque en la santa bendición está Dios. Y si bendices a tus hijos de bebés, si te acostumbras a bendecirlos, los proteges de muchos vicios, de malas tentaciones, porque la misma bendición hace de escudo protector.
Hermanos, amigos, bendecíos, para que vuestra relación sea mantenida por Dios, en la caridad de veros con buenos ojos, con los ojos de la bondad, del Sumo Bien, que es Dios mismo, que une a los que Ama y se aman en su Amor.
Acostumbraos a bendeciros, si realmente sois buenos, sinó, sólo dad las gracias, sólo deseadles que Dios los bendiga, porque tú, tú, sólo puedes bendecir lo bueno, al bueno, al que cumple con los 10 mandamientos de la Ley de Dios, que siguen vigentes, y son actuales, y deben seguirse y cumplirse aun cuando las leyes civiles permitan abortar, matar… La Ley de Dios pasa sobre todas las otras leyes, que cambian según los votos de la gente; en cambio, la Ley de Dios, siempre está a tu favor, para ayudarte a ser MEJOR.

P. Jesús© copyright
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Acepta, Señor, de tu Iglesia las ofrendas que tú mismo has puesto en nuestras manos y que tu poder convierte en sacramento de nuestra salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio II/A o II/B de Adviento.

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN (Lc 1, 45)
Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Que esta comunión, Señor, proteja siempre a tu pueblo a fin de que, entregados plenamente a tu servicio, alcancemos la salvación del alma y del cuerpo. Por Jesucristo, nuestro Señor.