Santos: Pedro Canisio, Doctor de la Iglesia; Juan de
Cronstadt, presbítero. Beato Pedro Friedhofen, fundador. Feria privilegiada
(Morado)
DICHOSA TÚ QUE HAS CREÍDO
So 3, 14-18; Lc 1, 39-45
Muchas esperanzas se habían ido acumulando en la tradición
profética de Israel. A los ojos de los pragmáticos y los desconfiados parecían
declaraciones entusiastas, sin verificación alguna en la historia. Los profetas
habían prometido de una y mil maneras la llegada de la justicia, la paz y la
prosperidad para Israel y éstas no aparecían por ninguna parte. La destrucción
de los opresores que anunciaba Sofonías no tenía verificación, al contrario, el
poder romano parecía cada vez más implacable. El anuncio del nacimiento de Juan
y Jesús podría resultar insignificante a los ojos de muchas personas suspicaces
y descreídas. Para el corazón de María e Isabel aquel mensaje no era un falso
consuelo. Ellas deletrearon la profunda esperanza que la vida de esos pequeños
suscitaría en el corazón de Israel.
ANTÍFONA DE ENTRADA (Cfr.
Is 7, 14; 8, 10)
Pronto llegará el Señor que domina los
pueblos, y será llamado Emmanuel, es decir, Dios-con-nosotros.
ORACIÓN COLECTA
Escucha, Señor, las súplicas de tu pueblo, que se alegra por la
venida de tu Hijo en nuestra carne mortal; y concédenos que, cuando vuelva Él
revestido de gloria y majestad, nos llenemos también de alegría al recibir de
sus manos la recompensa de la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo...
LITURGIA DE LA PALABRA
El Señor será el rey de Israel en medio de
ti.
Del libro del profeta
Sofonías: 3, 14-18
Canta,
hija de Sión, da gritos de júbilo, Israel, gózate y regocíjate de todo corazón,
Jerusalén.
El Señor ha levantado su sentencia contra ti, ha expulsado a todos tus
enemigos. El Señor será el rey de Israel en medio de ti y ya no temerás ningún
mal.
Aquel día dirán a Jerusalén: "No temas, Sión, que no desfallezcan tus
manos. El Señor, tu Dios, tu poderoso salvador, está en medio de ti. Él se goza
y se complace en ti; Él te ama y se llenará de júbilo por tu causa, como en los
días de fiesta".
Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.
Comentario:
La fe cristiana es ante
todo una praxis encarnada en el tiempo y en la historia que nos toca vivir. Con
Jesús llega el Reino de Dios a los hombres. El Reino es don de Dios, de su amor
generoso; pero los hombres deben abrirse a él con una actitud especial llamada
“conversión” que es lo mismo que cambio de vida, cambio de mente y de corazón.
San Pablo emplea un término griego para definirla: “metanoia”. El profeta Ezequiel
en el Antiguo Testamento lo define como “cambiar el corazón de piedra por un
corazón de carne”. La predicación e implantación de esta conversión
conforma el meollo de la actividad
y misión de Juan
el Bautista, el precursor de Jesús.
P. Marcos A. Rodríguez
Del salmo 32 R/. Demos
gracias a Dios, al son del arpa.
Demos gracias a Dios al son del arpa, que la lira acompañe nuestros cantos;
cantemos en su honor nuevos cantares, al compás de instrumentos alabémoslo. R/.
Los proyectos de Dios duran por siempre; los planes de su amor, todos los
siglos. Feliz la nación cuyo Dios es el Señor; dichoso el pueblo que escogió
por suyo. R/.
En el Señor está nuestra esperanza, pues Él es nuestra ayuda y nuestro amparo;
en el Señor se alegra el corazón y en Él hemos confiado. R/.
ACLAMACIÓN R/. Aleluya,
aleluya.
Emmanuel, rey y legislador nuestro, ven, Señor, a salvarnos. R/.
¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor
venga a verme?
Del santo Evangelio según
san Lucas: 1, 39-45
En aquellos días, María se encaminó presurosa a un pueblo de las
montañas de Judea, y entrando en la casa de Zacarías, saludó a Isabel. En
cuanto ésta oyó el saludo de María, la criatura saltó en su seno.
Entonces Isabel quedó llena del Espíritu Santo, y levantando la voz, exclamó:
"¡Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién
soy yo, para que la madre de mi Señor venga a verme? Apenas llegó tu saludo a
mis oídos, el niño saltó de gozo en mi seno. Dichosa tú, que has creído, porque
se cumplirá cuanto te fue anunciado de parte del Señor".
Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
Comentario:
María se levantó y marcho
deprisa
Como
la Santísima Virgen María, tú tienes cosas que hacer, actos importantes que
debes llevar a cabo cuanto antes, por eso, como María, levántate y marcha
deprisa a visitar al necesitado. Estamos en tiempos de Navidad, muchos ya la
están preparando en su corazón, con actos de amor. ¡Esta Navidad tiene que ser
mejor!, porque tú eres mejor, porque tú te sabes amado por Dios, bendecido por
Dios, ungido de Dios, por el Bautismo; entonces, ve, sal pronto en ayuda del
que necesita ver tu fe, y que como santa Isabel, la prima de la Virgen María,
te diga: “-Bendita tú… -Bendito tú…”
Cada
vez que alguien bueno te bendice, se une a Dios, y unida esta persona con Dios,
te ve con buenos ojos; y son tantos los que necesitan unirse a Dios. Y una
manera de ayudar a las personas, es que por tus obras, por tus palabras, te
bendigan; porque al bendecirte, se unen a Dios, y uniéndolas a Dios, Dios les
llena de su Amor. El que bendice es bendecido.
El
esposo bendiga a la esposa, por la bondad y caridad de sus obras. Y la esposa bendiga
al esposo, por su integridad, honradez, por el pan de cada día, y los cuidados
que le prodiga, como Cristo lo hace con la Iglesia Santa.
Los
padres bendigan a sus hijos, que son su alegría. Y los hijos bendigan a los
padres, por su sabiduría, por sus enseñanzas y correcciones. No digo por lo
material que reciben de ellos, porque eso, el Estado, el Gobierno de un país,
también lo hace a los huérfanos; la bendición es por el amor, por la caridad,
por la fe y la esperanza en el Reino Celestial; lo demás, con un “gracias”, es
suficiente; pero hay actos en que no basta un gracias, sino que es necesario
una bendición de corazón.
Los
hermanos se bendigan unos a otros, se pidan perdón y se demuestren su amor con
la bendición.
Los
amigos buenos, bendigan a los amigos que les hacen bien, y unos a otros acepten
la bendición, porque quien acepta la bendición de otro, acepta su unión con
Dios.
La
bendición la dan los católicos, los buenos cristianos; las gracias las dan los
mundanos; porque los creyentes todo lo hacen con Dios, por eso pueden bendecir
los que dejan que Dios viva en ellos, con ellos.
Es
bueno pedir y dar la bendición, porque en todo ello está Dios, que une e
intercede y da su Gracia, por la fe, por la caridad de bendecir, de recibir la
bendición.
Levántate
y apresúrate a bendecir al que obra con la fe, vive la esperanza de esta misma
fe, y la caridad de amar a Dios sobre todas las cosas y personas; porque cuando
tú bendices, Dios está contigo y lo das al otro con tu bendición.
Bendecir
es un intercambio de amor, lleno de fe, dando esperanza al que recibe tu
bendición, que siempre la da Dios contigo, si tu vives en Gracia suya, en
Gracia de Dios.
Hay
quienes dicen: “Bendiciones…, Dios te bendiga…. te bendigo…”, pero si no vive
la fe, si no vive en Gracia de Dios, esta bendición es como un “gracias”, sólo
un gracias. Y, ¿a quién das tú las gracias?; ¿a quién bendices?... En tiempos
antiguos, sólo se bendecía a quien se lo merecía, o a quien quería uno
entregarle a Dios al otro. Por eso los hijos acudían al padre, a la madre, a
pedir su bendición, pero a veces, éstos se negaban porque el hijo no era digno
de ella, de recibir, digamos, el visto bueno de Dios y del padre o la madre,
porque no hacía el bien, porque obraba mal; por eso, sólo se puede bendecir la
bondad, al bueno, a los que obran bajo la Ley de Dios.
Bendecir
a todo el mundo, no se puede; sí que se puede decir: “Dios te bendiga”, porque
diciendo eso, dices: “pórtate bien, como Dios quiere”; pero no se puede decir a
alguien que no actúa bien: “yo te bendigo”, porque es como darle “tu visto
bueno” para que siga actuando mal. La bendición tuya, sólo la puedes dar a
quien intenta ser bueno, hacer el bien; entonces es una ayuda, entonces, con tu
bendición lo ayudas a ser mejor, porque es como si le dieras buenas referencias
para presentarse ante Dios. Y esto es la Comunión de los Santos, ayudarse unos
a otros a alcanzar de Dios la Bendición; que recibir la bendición de Dios,
cambia tu vida, porque cuando Dios bendice, hay abundancia de bienes, de todas
clases, dados por Dios, con Dios, para servir a Dios.
Esposos,
bendecíos, si sois buenos uno con el otro, y con todos los demás.
Padres
e hijos, bendecíos, y os uniréis mucho más, porque en la santa bendición está
Dios. Y si bendices a tus hijos de bebés, si te acostumbras a bendecirlos, los
proteges de muchos vicios, de malas tentaciones, porque la misma bendición hace
de escudo protector.
Hermanos,
amigos, bendecíos, para que vuestra relación sea mantenida por Dios, en la caridad
de veros con buenos ojos, con los ojos de la bondad, del Sumo Bien, que es Dios
mismo, que une a los que Ama y se aman en su Amor.
Acostumbraos
a bendeciros, si realmente sois buenos, sinó, sólo dad las gracias, sólo
deseadles que Dios los bendiga, porque tú, tú, sólo puedes bendecir lo bueno,
al bueno, al que cumple con los 10 mandamientos de la Ley de Dios, que siguen
vigentes, y son actuales, y deben seguirse y cumplirse aun cuando las leyes
civiles permitan abortar, matar… La Ley de Dios pasa sobre todas las otras
leyes, que cambian según los votos de la gente; en cambio, la Ley de Dios,
siempre está a tu favor, para ayudarte a ser MEJOR.
P. Jesús© copyright
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Acepta, Señor, de tu Iglesia las ofrendas que
tú mismo has puesto en nuestras manos y que tu poder convierte en sacramento de
nuestra salvación. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Prefacio II/A o II/B de Adviento.
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN
(Lc 1, 45)
Dichosa tú, que has creído, porque se cumplirá cuanto te fue
anunciado de parte del Señor.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA
COMUNIÓN
Que esta comunión, Señor, proteja siempre a tu pueblo a fin de
que, entregados plenamente a tu servicio, alcancemos la salvación del alma y
del cuerpo. Por Jesucristo, nuestro Señor.
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