7 de abril de 2013

II DOMINGO DE PASCUA O "DE LA DIVINA MISERICORDIA"






Santos: San Juan Bautista de La Salle, fundador. Beata Josaphata Jordashevsca, fundadora. (Blanco)

OTRAS MUCHAS SEÑALES
Hch 5,12-16; Ap 1,9-11. 12-13. 17-19; Jn 20, 19-31
Una idea reaparece de manera constante en los tres fragmentos que nos comparte la Liturgia. La urgencia y la necesidad de las señales. El sumario de los Hechos de los Apóstoles muestra a la primera comunidad de creyentes en Jerusalén como portadora y beneficiaria de las señales que el Espíritu realizaba a favor de enfermos y afligidos. Autentificando de esa manera el carácter liberador del mensaje cristiano: Jesús había venido a dar vida en abundancia. La misma noticia refiere el cierre del cuarto Evangelio: Jesús permanece atento al proceso creyente de sus discípulos y sostiene su esperanza realizando numerosas señales. Los testimonios de fe que recogían esas señales debían preservarse, para que ayudasen a propagar la vida nueva dada por Jesús. En el libro del Apocalipsis el profeta recibe el mismo encargo: tendrá que registrar y mantener su testimonio creyente y compartirlo con las Iglesias que atravesaban situaciones de persecución y debilitamiento de la fe.

ANTÍFONA DE ENTRADA (1 P 2, 2)
Como niños recién nacidos, deseen una leche pura y espiritual que los haga crecer hacia la salvación. Aleluya.

Se dice Gloria.

ORACIÓN COLECTA
Dios de eterna misericordia, que reavivas la fe de tu pueblo con la celebración anual de las fiestas pascuales, aumenta en nosotros tu gracia, para que comprendamos a fondo la inestimable riqueza del bautismo que nos ha purificado, del Espíritu que nos ha dado una vida nueva y de la Sangre que nos ha redimido. Por nuestro Señor Jesucristo...

LITURGIA DE LA PALABRA
Crecía el número de los creyentes en el Señor.

Del libro de los Hechos de los Apóstoles: 5, 12-16

En aquellos días, los apóstoles realizaban muchos signos y prodigios en medio del pueblo. Todos los creyentes solían reunirse, por común acuerdo, en el pórtico de Salomón. Los demás no se atrevían a juntárseles, aunque la gente los tenía en gran estima.

El número de hombres y mujeres que creían en el Señor iba creciendo de día en día, hasta el punto de que tenían que sacar en literas y camillas a los enfermos y ponerlos en las plazas, para que, cuando Pedro pasara, al menos su sombra cayera sobre alguno de ellos.

Mucha gente de los alrededores acudía a Jerusalén y llevaba a los enfermos y a los atormentados por espíritus malignos, y todos quedaban curados. 

Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.



Del salmo 117 R/. La misericordia del Señor es eterna. Aleluya.

Diga la casa de Israel: "Su misericordia es eterna". Diga la casa de Aarón: "Su misericordia es eterna". Digan los que temen al Señor: "Su misericordia es eterna". R/.

La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular. Esto es obra de la mano del Señor, es un milagro patente. Éste es el día del triunfo del Señor, día de júbilo y de gozo. R/.

Libéranos, Señor, y danos tu victoria. Bendito el que viene en nombre del Señor. Que Dios desde su templo nos bendiga. Que el Señor, nuestro Dios, nos ilumine. R/.


Estuve muerto y ahora, como ves, estoy vivo para siempre.

Del libro del Apocalipsis del apóstol san Juan: 1, 9-11. 12-13. 17-19

Yo, Juan, hermano y compañero de ustedes en la tribulación, en el Reino y en la perseverancia en Jesús, esta-ba desterrado en la isla de Patmos, por haber predicado la palabra de Dios y haber dado testimonio de Jesús.

Un domingo caí en éxtasis y oí a mis espaldas una voz potente, como de trompeta, que decía: "Escribe en un libro lo que veas y envíalo a las siete comunidades cristianas de Asia". Me volví para ver quién me hablaba, y al volverme, vi siete lámparas de oro, y en medio de ellas, un hombre vestido de larga túnica, ceñida a la altura del pecho, con una franja de oro.

Al contemplarlo, caí a sus pies como muerto; pero Él, poniendo sobre mí la mano derecha, me dijo: "No temas. Yo soy el primero y el último; yo soy el que vive. Estuve muerto y ahora, como ves, estoy vivo por los siglos de los siglos. Yo tengo las llaves de la muerte y del más allá. Escribe lo que has visto, tanto sobre las cosas que están sucediendo, como sobre las que sucederán después".

Palabra de Dios. Te alabarnos, Señor.


SECUENCIA opcional


ACLAMACIÓN (Jn 20, 29) R/. Aleluya, aleluya.

Tomás, tú crees, porque me has visto. Dichosos los que creen sin haberme visto, dice el Señor. R/.



Ocho días después, se les apareció Jesús.

Del santo Evangelio según san Juan: 20, 19-31

Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: "La paz esté con ustedes". Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría.

De nuevo les dijo Jesús: "La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo". Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: "Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar".

Tomás, uno de los Doce, a quien llamaban el Gemelo, no estaba con ellos cuando vino Jesús, y los otros discípulos le decían: "Hemos visto al Señor". Pero él les contestó: "Si no veo en sus manos la señal de los clavos y si no meto mi dedo en los agujeros de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré".

Ocho días después, estaban reunidos los discípulos a puerta cerrada y Tomás estaba con ellos. Jesús se presentó de nuevo en medio de ellos y les dijo: "La paz esté con ustedes". Luego le dijo a Tomás: "Aquí están mis manos; acerca tu dedo. Trae acá tu mano, métela en mi costado y no sigas dudando, sino cree". Tomás le respondió: "¡Señor mío y Dios mío!". Jesús añadió: "Tú crees porque me has visto; dichosos los que creen sin haber visto".
Otros muchos signos hizo Jesús en presencia de sus discípulos, pero no están escritos en este libro. Se escribieron éstos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre.
Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

Comentario:
La fe en Jesús resucitado debe convertirnos en personas nuevas. Esa fe es capaz de hacer que el grupo de los discípulos, cerrado sobre sí mismo, se transforme, por la fuerza del Espíritu, en una comunidad misionera. Una comunidad que obra signos y prodigios a favor del pueblo, como lo señala el sumario de Hechos de los Apóstoles. Tal es el poder transformador de la fe pascual que elimina el miedo de Juan, el vidente de Patmos, cuando éste se siente respaldado por la autoridad soberana de Cristo resucitado.


Credo

PLEGARIA UNIVERSAL

Oremos a Jesús resucitado, vida y esperanza de toda la humanidad.

Después de cada petición diremos: Jesús resucitado, escúchanos y aumenta nuestra fe.

Por todos los que, en el mundo entero, creemos en la Buena Noticia del Evangelio. Oremos.

Por los cristianos que viven en países en los que son discriminados o perseguidos. Oremos.
Por los obispos mexicanos que se reunirán en asamblea esta semana. Oremos.
Por los niños, los jóvenes y los adultos que recibirán el Bautismo o la Confirmación en este Tiempo de Pascua. Oremos.
Por los pobres, por los enfermos, por los que se sienten solos, por todos los que sufren. Oremos.
Por los que en este domingo nos hemos reunido para compartir la mesa de la Palabra y de la Eucaristía. Oremos.
Escucha, Jesús resucitado, nuestra oración. Y haz que cada día te conozcamos más profundamente y te amemos de todo corazón. Tú, que vives y reinas por los siglos de los siglos.


ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Recibe, Señor, las ofrendas que (junto con los recién bautizados) te presentamos; tú que nos llamaste a la fe y nos has hecho renacer por el bautismo, guíanos a la felicidad eterna. Por Jesucristo, nuestro Señor.

PREFACIO I DE PASCUA

El Misterio Pascual

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y fuente de salvación glorificarte siempre, Señor, pero más que nunca en este día, en que Cristo, nuestra Pascua, fue inmolado.

Porque Él es el verdadero Cordero que quitó el pecado del mundo: muriendo, destruyó nuestra muerte, y resucitando, restauró la vida.

Por eso, con esta efusión del gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría y también los coros celestiales, los ángeles y los arcángeles, cantan sin cesar el himno de tu gloria: Santo, Santo, Santo...


ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN (Cfr. Jn 20, 27)
Jesús dijo a Tomás: acerca tu mano, toca las cicatrices dejadas por los clavos y no seas incrédulo, sino creyente. Aleluya.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Concédenos, Dios todopoderoso, que la gracia recibida en este sacramento nos impulse siempre a servirte mejor. Por Jesucristo, nuestro Señor.

UNA REFLEXIÓN PARA NUESTRO TIEMPO.- La conciencia de que el desamor y la incongruencia de los creyentes genera la incredulidad de los que no confiesan a Jesús como Señor ya era patente para el apóstol san Pablo, que lo escribía con todas sus letras a sus hermanos judíos: "por culpa de ustedes maldicen los paganos el Nombre de Dios". Los pasajes referidos por la liturgia ponderan la importancia de las señales. Santo Tomás se las reclama al resto de los Doce y los habitantes de Jerusalén las acogen de manos de los apóstoles. La comunidad en donde los cristianos vivamos y donde nos reunamos a celebrar la fe, tiene derecho a exigirnos congruencia y fidelidad al mensaje que profesamos. No se trata de multiplicar las prédicas, ni los discursos. Es algo menos sonoro pero más persuasivo: se trata de vivir haciendo el bien y curando, en la medida de nuestras posibilidades, las enfermedades que afligen el cuerpo y el espíritu de nosotros mismos y de nuestros parientes y vecinos.