27 de diciembre de 2012

San Juan. Apóstol y evangelista. Ciclo C



Santos: Juan apóstol y evangelista; Fabiola de Roma, penitente. Beata Sara Salkanhazi, mártir. Fiesta (Blanco)

UN TESTIGO DE LA PRIMERA HORA
1 Jn 1,1-4, Jn 20,2-9
San Juan evangelista, el discípulo que había llegado primero, el que vio y creyó. La tradición del cuarto Evangelio se asienta en la figura del discípulo amado. La tradición nos lo presenta en calidad de testigo fiel de la persona y la obra de Jesús. No fue un aprendiz de sermones, ni un devorador de libros, sino un amigo íntimo que siguió el camino de su Señor. Desde esa condición de íntimo amigo del Señor Jesús rindió su testimonio. La Primera de las cartas que llevan su nombre se abre con un hermoso prólogo donde el portavoz del testimonio, ratifica su condición de testigo de primera mano. Su experiencia personalísima comenzó en Galilea, ahí aprendieron a reconocer la luz de Dios presente en Jesús. Todo lo que vivieron desde el principio y que continuaron deletreando a lo largo de todo su ministerio fue lo que compartieron a la segunda generación cristiana: la desbordante oferta de vida que Dios les había hecho a través de su Hijo Jesús.

ANTÍFONA DE ENTRADA
En la última cena, Juan reclinó su cabeza sobre el pecho del Señor. Éste es el Apóstol a quien fueron revelados secretos celestiales y a quien fue concedido difundir palabras de vida por toda la tierra.

Se dice Gloria.

ORACIÓN COLECTA
Dios nuestro, que por medio del Apóstol san Juan, has querido descubrirnos la profundidad de la vida y del amor de tu Hijo, haz que seamos capaces de conocer y de amar cada día más a Jesucristo, nuestro redentor, que vive y reina contigo...

LITURGIA DE LA PALABRA
Les anunciamos lo que hemos visto y oído.

De la primera carta del apóstol san Juan: 1, 1-4

Queridos hermanos: Les anunciamos lo que ya existía desde el principio, lo que hemos oído y hemos visto con nuestros propios ojos, lo que hemos contemplado y hemos tocado con nuestras propias manos. Nos referimos a aquel que es la Palabra de la vida.
Esta vida se ha hecho visible y nosotros la hemos visto y somos testigos de ella. Les anunciamos esta vida, que es eterna, y estaba con el Padre y se nos ha manifestado a nosotros. Les anunciamos, pues, lo que hemos visto y oído, para que ustedes estén unidos con nosotros, y juntos estemos unidos con el Padre y su Hijo, Jesucristo. Les escribimos esto para que se alegren y su alegría sea completa.

Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.

Comentario:

Ojos a lo alto, mirada a lo profundo

Dos características destacan indudablemente, en los escritos del apóstol Juan; dos notas que parecen contradecirse en términos físicos, pero se complementan bellamente cuando se trata de espiritualidad: altura y profundidad, es decir: ojo a lo alto y mirada a lo profundo.

Este es el evangelista que hunde su mirada en el misterio admirable del Verbo y arranca del Cielo palabras que parecían prohibidas a los mortales. La audacia de su mensaje compite con la belleza de su expresión, de modo que el corazón creyente, cuando de veras lee a Juan, llega asentir esa especie de embriaguez deliciosa que se siente en los lugares altísimos, cuando todo se hace visible y adquiere por así decirlo su lugar en el conjunto sobrecogedor e imponente.

Nadie piense, sin embargo, que estamos hablando de un poeta de fantasías o de un novelista de seres o sensaciones imaginarias. Apegado a lo concreto y a lo real, mira qué nos ofrece: "lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de la vida...". No es un vendedor de quimeras, no es un soñador atorado en sus ilusiones: es ante todo un testigo.



Del salmo 96 R/. Alégrense, justos, con el Señor.

Reina el Señor, alégrese la tierra; cante de regocijo el mundo entero. Tinieblas y nubes rodean el trono del Señor, que se asienta en la justicia y el derecho. R/.

Los montes se derriten como cera ante el Señor de toda la tierra. Los cielos pregonan su justicia, su inmensa gloria ven todos los pueblos. R/.
Amanece la luz para el justo y la alegría para los rectos de corazón. Alégrense, justos, con el Señor y bendigan su santo nombre. R/.



ACLAMACIÓN R/. Aleluya, aleluya

Señor, Dios eterno, alegres te cantamos, a ti nuestra alabanza. A ti, Señor, te alaba el coro celestial de los apóstoles. R/.


El otro discípulo corrió más aprisa que Pedro y llegó primero al sepulcro.

Del santo Evangelio según san Juan: 20, 2-9

El primer día después del sábado, María Magdalena vino corriendo a la casa donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: "Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto".
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos iban corriendo juntos, pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro y llegó primero al sepulcro, e inclinándose, miró los lienzos puestos en el suelo, pero no entró.

En eso llegó también Simón Pedro, que lo venía siguiendo, y entró en el sepulcro. Contempló los lienzos puestos en el suelo y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, puesto no con los lienzos en el suelo, sino doblado en sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, y vio y creyó, porque hasta entonces no habían entendido las Escrituras, según las cuales Jesús debía resucitar de entre los muertos. 

Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.

Comentario:
“Esta Palabra se hizo carne para que pudiera ser tocada con las manos” (San Agustín, oficio de lectura)
Como decíamos ayer, hoy la Iglesia nos propone celebrar a San Juan, apóstol y evangelista. Celebramos al amigo fiel que recostó su cabeza sobre el pecho de Jesús en la Última Cena… y si se cuenta de aquella vez, seguramente lo había hecho otras veces antes. ¿No? Es el amigo de Jesús, el joven e impulsivo que adelanta a Pedro en su carrera hacia el sepulcro vacío. Es el amante de los símbolos y la belleza. Es el evangelio de la Palabra hecha carne. Es el seguidor del Amor, por amor.
No es poesía. ¡Es cierto! Porque también es el que fue capaz de intuir que en la Cruz está ya la Gloria. El evangelio de Juan no hace ninguna alusión a la infancia y nacimiento de Jesús en Belén, pero nos habla del “principio” con tal fuerza y convencimiento que no puede dejar de unirlo a la vivencia personal aquí y ahora: lo hemos visto con nuestros ojos y lo hemos tocado con nuestras manos, ¡y por eso podemos anunciarlo!
Si la Palabra eterna, inmutable, origen de cuanto existe, se hizo carne para poder ser tocada con las manos, y es algo reservado a quienes vivieron históricamente con Jesús, ¿qué sentido tiene seguir proclamándolo hoy y orando con ello! Sin duda, se nos está queriendo decir algo más. Tú y yo también podemos tocar con las manos la Palabra hecha carne. ¡Qué belleza y qué increíble Misterio! La primera lectura de hoy termina afirmándolo con claridad: “os digo esto para que nuestra alegría sea completa”. Y el salmo lo confirma: ¡alegraos!
Quizá no haya tanta diferencia entre contemplar la escena de la Resurrección que hoy nos propone la Iglesia y la escena de Belén que estos días nos rodea por todos lados. Juan vio las vendas en el suelo y creyó. Los pastores vieron un niño en un pesebre y creyeron. Ver y creer. Esta puede ser hoy nuestra llamada y misión. En la carne, en lo que oculta la Palabra y donde la Palabra quiso habitar para siempre, ahí el amor no espera. Quiere que lo toquemos y creamos. Que viendo, creamos. Que creyendo, amemos.


Rosa Ruiz, Misionera Claretiana

No se dice Credo.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Santifica, Señor, los dones que te presentamos, y haz que, por esta Eucaristía, participemos del conocimiento profundo de tu Hijo que concediste a san Juan en la última cena. Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio I-III de Navidad.

ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN (Jn 1, 14. 16)
El Verbo se hizo hombre y habitó entre nosotros, y de su plenitud todos participamos.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Por medio de este sacramento que hemos recibido en la fiesta de san Juan Evangelista, concédenos, Señor, que habite siempre en nosotros tu Hijo, Jesucristo, que vive y reina por los siglos de los siglos.