Santos: Martín I, Papa y Hermenegildo de Sevilla, mártir. Beata Margarita de Castello, laica.
Vísperas 1 del domingo: 3a semana del Salterio. Tomo II: pp. 1312, 516 y 682. Para los fieles: pp. 642 y 274. Edición popular: pp. 202 y 446.
DIFICULTADES DIVERSAS
Hch 6,1-7; Jn 6,16-21
Las dos narraciones que nos ocupan, presentan a un grupo de seguidores de Jesús afligidos por una situación difícil. Los pescadores acostumbrados a remar por el lago de Galilea enfrentan dificultades para resistir a la fuerza del oleaje y llegar a salvo a Cafarnaúm. Jesús les da alcance, los anima y los invita percibir su presencia y su auxilio. La noche con todos sus riesgos y peligros no será tan oscura como para alejar a los discípulos de su maestro: juntos arribarán a puerto seguro en Cafarnaúm. De otro género eran los contratiempos que enfrentaba la comunidad helenista de Jerusalén. La desorganización en la atención de sus viudas ponía en riesgo la comunión fraterna entre los discípulos. El diferendo se ventiló con sencillez de corazón y con ac-titudes de corresponsabilidad solidaria. El ministerio diaconal fortalecería a la comunidad y la mantendría unida y fiel al ejemplo de su Señor.
ANTÍFONA DE ENTRADA (1 P 2, 9)
Nosotros somos el pueblo redimido por Dios; anunciemos las maravillas del Señor, que nos ha llamado de las tinieblas a su luz admirable. Aleluya.
ORACIÓN COLECTA
Señor, tú que te has dignado redimirnos y has querido hacernos hijos tuyos, míranos siempre con amor de Padre y haz que, cuantos creemos en Cristo, obtengamos la verdadera libertad y la herencia eterna. Por nuestro Señor Jesucristo...
LITURGIA DE LA PALABRA
Eligieron siete hombres llenos del Espíritu Santo.
Del libro de los Hechos de los Apóstoles: 6, 1-7
En aquellos días, como aumentaba mucho el número de los discípulos, hubo ciertas quejas de los judíos griegos contra los hebreos, de que no se atendía bien a sus viudas en el servicio de caridad de todos los días.
Los Doce convocaron entonces a la multitud de los discípulos y les dijeron: "No es justo que, dejando el ministerio de la palabra de Dios, nos dediquemos a administrar los bienes. Escojan entre ustedes a siete hombres de buena reputación, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a los cuales encargaremos este servicio. Nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la palabra".
Todos estuvieron de acuerdo y eligieron a Esteban, hombre lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Pármenas y Nicolás, prosélito de Antioquía. Se los presentaron a los apóstoles, y éstos, después de haber orado, les impusieron las manos.
Mientras tanto, la palabra de Dios iba cundiendo. En Jerusalén se multiplicaba grandemente el número de los discípulos. Incluso un grupo numeroso de sacerdotes había aceptado la fe.
Palabra de Dios. Te alabamos, Señor.
Comentario:
La Realidad de la Iglesia
Si otros pasajes nos han presentado una imagen como
embellecida de la primera comunidad cristiana, este pasaje de la primera
lectura de hoy nos ayudará a cambiar, o mejor, completar esa perspectiva. Ya
asoman las tensiones entre cristianos y también la preocupación por los bienes
materiales; es decir, los antiguos temas del poder y del dinero.
¿Significa esto que la redención es inútil o que la
pecaminosidad es invencible? Más bien esto nos enseña que es un error
considerarnos "ya" salvados. Es verdad que algo maravilloso y único
ha llegado a nosostros con la gracia de creer pero de algún modo esa es una
especie de semilla que necesita ser alimentada, guardada de mala hierba y
cuidada hasta su plena madurez.
De ese conflicto nació un servicio concreto, un ministerio
específico, que al paso del tiempo habría de constituir el diaconado en la
Iglesia. Sabemos que fue un proceso y que estos primeros siete hombres no eran
exactamente lo que pueden ser los que hoy se ordenan diáconos; sin embargo, es evidente
también que hay una realidad de servicio institucional y que hay una
intervención específica de los apóstoles para pedir una gracia particular y
permanente a favor de los que eran "ordenados."
Textos posteriores van a mostrar que estos primeros diáconos
realizaron muchas más cosas además de aquel servicio elemental aunque muy
simbólico de "atender las mesas." Serán ministros de la palabra y
enviados del Espíritu Santo y de la Iglesia para atraer a nuevos fieles y para
formar poco a poco nuevas comunidades de creyentes. Así nos enseñaba Dios la
riqueza del ministerio ordenado en clave de servicio, de autoridad y de envío,
en orden a comunicar a todos los bienes del cielo.
Del salmo 32 R/. El Señor cuida de aquellos que lo temen. Aleluya.
Que los justos aclamen al Señor; es propio de los justos alabarlo. Demos gracias a Dios al son del arpa; que la lira acompañe nuestros cantos. R/.
Sincera es la palabra del Señor y todas sus acciones son leales. Él ama la justicia y el derecho, la tierra llena está de sus bondades. R/.
Cuida el Señor de aquellos que lo temen y en su bondad confían; los salva de la muerte y en épocas de hambre les da vida. R/.
ACLAMACIÓN R/. Aleluya, aleluya.
Resucitó Cristo, que creó todas las cosas y se compadeció de todos los hombres. R/.
Vieron a Jesús caminando sobre las aguas.
Del santo Evangelio según san Juan: 6, 16-21
Al atardecer del día de la multiplicación de los panes, los discípulos de Jesús bajaron al lago, se embarcaron y empezaron a atravesar hacia Cafarnaúm. Ya había caído la noche y Jesús todavía no los había alcanzado. Soplaba un viento fuerte y las aguas del lago se iban encrespando.
Cuando habían avanzado unos cinco o seis kilómetros, vieron a Jesús caminando sobre las aguas, acercándose a la barca, y se asustaron. Pero Él les dijo: "Soy yo, no tengan miedo". Ellos quisieron recogerlo a bordo y rápidamente la barca tocó tierra en el lugar a donde se dirigían.
Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
Comentario:
"No Tengan Miedo... Soy Yo", Una Meditación de
Juan Pablo II
Cristo dirigió muchas veces esta invitación a los hombres
con que se encontraba. Esto dijo el Ángel a María: "No tengas miedo"
(cfr. Lucas 1,30). Y esto mismo a José: "No tengas miedo" (cfr. Mateo
1,20). Cristo lo dijo a los Apóstoles, y a Pedro, en varias ocasiones, y
especialmente después de su Resurrección, e insistía: "¡No tengáis
miedo!"; se daba cuenta de que tenían miedo porque no estaban seguros de
si Aquel que veían era el mismo Cristo que ellos habían conocido. Tuvieron
miedo cuando fue apresado, y tuvieron aún más miedo cuando, Resucitado, se les
apareció. Esas palabras pronunciadas por Cristo las repite la Iglesia. Y con la
Iglesia las repite también el Papa. Lo ha hecho desde la primera homilía en la
plaza de San Pedro: "¡No tengáis miedo!" No son palabras dichas
porque sí, están profundamente enraizadas en el Evangelio; son, sencillamente,
las palabras del mismo Cristo.
¿De qué no debemos tener miedo? No debemos temer a la verdad
de nosotros mismos. Pedro tuvo conciencia de ella, un día, con especial viveza,
y dijo a Jesús: "¡Apártate de mí, Señor, que soy un hombre pecador!"
(Lucas 5,8). Pienso que no fue sólo Pedro quien tuvo conciencia de esta verdad.
Todo hombre la advierte. La advierte todo Sucesor de Pedro. La advierte de modo
particularmente claro el que, ahora, le está respondiendo. Todos nosotros le
estamos agradecidos a Pedro por lo que dijo aquel día: "¡Apártate de mí,
Señor, que soy un hombre pecador!" Cristo le respondió: "No temas;
desde ahora serás pescador de hombres" (Lucas 5,10). ¡No tengas miedo de
los hombres! El hombre es siempre igual; los sistemas que crea son siempre
imperfectos, y tanto más imperfectos cuanto más seguro está de sí mismo. ¿Y
esto de dónde proviene? Esto viene del corazón del hombre, nuestro corazón está
inquieto; Cristo mismo conoce mejor que nadie su angustia, porque "Él sabe
lo que hay dentro de cada hombre" (cfr. Juan 2,25).
ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS
Acepta, Señor, estos dones que hemos preparado para el sacrificio eucarístico y transforma toda nuestra vida en una continua ofrenda. Por Jesucristo, nuestro Señor.
Prefacio I-V de Pascua.
ANTÍFONA DE LA COMUNIÓN (Jn 17, 24)
Padre, quiero que donde yo esté, estén también conmigo los que tú me has dado, para que contemplen la gloria que me diste, dice el Señor. Aleluya.
ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN
Te suplicamos, Señor, que esta Eucaristía, que tu Hijo nos mandó celebrar en memoria suya y en la cual hemos participado, nos una cada vez más con el vínculo de tu amor. Por Jesucristo, nuestro Señor.
